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  • Foto del escritorJoselyn Silva

Sobre la desesperanza y el hartazgo

Créditos: Millions Missing México

Hey.


Aquí sigo, para bien o para mal. Va texto largo.


Escribo esto en plena crisis de ansiedad. Creo que es hasta terapéutico. Tal vez se deba a que anoche* no dormí por el dolor y el cansancio (irónico, ¿verdad?). El Zacarías me cuidó, se durmió conmigo, me permitió acariciarlo, se acostó en mi panza y ronroneó hasta quedarse dormido.


Me la pasé leyendo y releyendo mis textos, escritos que tal vez nunca vean la luz (a menos de que mis herederos los publiquen de forma póstuma, pero no me latería. En caso de que lo hagan, quiero que Alberto Chimal y Raquel Castro dirijan la edición —si muero antes que ellos, claro); imaginando esos escenarios donde todo es posible, donde las peores guerras son superadas.


Ayer vi a mi familia. Celebramos los 99 años de mi mamá Mina (aunque ella dice que tiene 48, mi vida). Del lado de mamá son longevos, así que no es una sorpresa que Mina viva tanto y dentro de todo, bien. Es una de las mujeres más fuertes que conozco. Ella me enseñó a vivir, a sobrevivir, a luchar. Pero hoy ya no puedo. Ella me sigue dando su bendición y quiero que me acompañe hasta el último de mis días.


Pese a que esta crisis de ahora no es "tan intensa" como las del principio de mi enfermedad, aún así es muy cruel. ¡Estaba bien y estable, carajo! Todo lucía bueno y prometedor, pero otra vez me caí como Sísifo. Parece que nunca podré llegar a la cima, o siquiera a una planicie donde pueda descansar y ver el atardecer.


Las cosas que me gané a pulso con mi trabajo y esfuerzo se fueron por el caño. Los congresos en Cuernavaca y Alcalá se fueron a la basura. Ni siquiera pude terminar las lecturas y la ponencia de Alcalá porque mi mente es una maraña de cables cruzados, un montón de niebla oscura que me lleva al precipicio. Me gané un lugar en ese congreso y lo perdí. Se siente fatal (por no usar otra expresión que me haga disculparme por mi francés).


Lo mismo ocurre con el Semillero de Investigación de la ULA y mis clases. El Semillero prácticamente lo di por perdido. No sé si algún día pueda regresar; me gustaría, pero no lo sé; y tampoco sé si pueda terminar la carrera y hacer mis prácticas en clínica con el Maestro pro del que les he contado. Ya ni hablar de la maestría y el doctorado, sean en Psicología o en Letras.


Me dicen que no pierda la esperanza, que me cuide, que mantenga la fe... ¿Cuidarme más? Hago todo lo posible por estar bien. Vale, sí, tengo algunos tropiezos, como todos, pero me esfuerzo por cuidar mi cuerpo, mi mente y mi espíritu.


Me dicen que es un bache más, un bajón y que es temporal. Racionalmente lo sé y lo entiendo, pero es tanta la desesperación, el hartazgo, la frustración, la ira... Los pensamientos intrusivos están con todo.


Publico en redes sociales para desahogarme. Mis perfiles están llenos de cosas sobre enfermedades crónicas, gatos y memes estúpidos. A veces es frustrante que sólo me reconozcan por mis enfermedades. Sí, hablo mucho de ellas porque en cierta forma rigen mi vida, pero soy más que eso. Aunque también es cierto que gracias a ello he conocido gente muy chida con la que he podido tejer redes y que mucha banda ha visto cosas desde otro punto de vista, como lo difícil que es para nosotros bañarnos.


Estoy harta, cansada y hasta la madre. Quisiera que todo terminara. Quisiera apagarme. Dejar de sentir todo esto. Y vienen a mi mente las palabras de una querida amiga: el suicida no quiere morir, quiere dejar de sufrir.


No sé si me estoy hundiendo y saboteando solita, pero a estas alturas meh. De verdad quisiera que todo esto parara. La idea de que esto me acompañará por el resto de mi vida me quiebra. Y más al saber que mi red de apoyo no estará siempre como lo está ahora. Quisiera dejar de ser una carga para ellos. (Ya sé que me dirán que no lo soy, pero al chile así se siente).


Bájame la lámpara un poco más

Déjame que duerma nodriza, en paz

Y si llama él no le digas que estoy

Dile que Alfonsina no vuelve

Y si llama él no le digas nunca que estoy

Di que me he ido

Te vas Alfonsina con tu soledad

¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?

Una voz antigua de viento y de sal

Te requiebra el alma y la está llevando

Y te vas hacia allá como en sueños

Dormida, Alfonsina, vestida de mar


("Alfonsina y el mar", de Mercedes Sosa).


Escribí esto en varias partes, una en plena crisis, otra después de chutarme mi shot de clonazepam y dormir como huevo y con un gato encima, y otra más después de ver a la reuma. Estoy pacheca y puedo oler los colores. (Aunque una profesora alguna vez me dijo que eso no era posible, pero meh, sí se puede y lo digo yo. Mi favorito es el morado porque huele a noche, como a ese árbol que tenía Mina en su jardín y porque me recuerda las estrellas).


Como he dicho tantas veces, sé lo afortunada que soy por tener la red de apoyo que tengo, los recursos para atenderme de forma particular, la red de médicos que son buenísimos, empáticos y que me escuchan; al Zacarías y a la Zu, los ahorros para sobrevivir... De eso no me cabe ninguna duda. Pero muchas veces eso se hace a un lado cuando la pena es más grande.


En mi familia hay y hubo personas con las que puedo identificarme. Con Pepín, por ejemplo, podía quejarme de los dolores, de la dieta que llevábamos (enemigos del chayote cocido salvo algunas excepciones), de la soledad, el miedo, la desesperanza... Alguna vez me decía que no creía poder llegar vivo a su cumpleaños (que fue recientemente). Y yo en ocasiones lo pienso así. Este año festejé mi cumpleaños como nunca. Me sentí increíblemente feliz. Si hubiera podido, hubiera dado de brincos. Estuve con mis seres más cercanos y los amigos que amo más; pude abrazarlos, dejar que me apapacharan, mi pastel estuvo deli y bonito, contamos historias, reímos. Pero en momentos así, como el que vivo hoy, la duda de si viviré otros años cala.


Es probable que todos, incluidos mis médicos, me digan que exagero y que es cuestión de un rato más para estabilizarme, pero como le digo a mamá: ¿cómo sé que no habrá otra crisis así? Esta vez la pudimos controlar parcialmente; otras no sé. E insisto, fue por un virus que se supone no es tan severo. ¿Cómo sé que no se aparecerá otra mugre enfermedad para seguir llenando el álbum de estampitas? ¿Puedo evitarlo? ¿De verdad quiero seguir viviendo así? El torrente de dudas me aplasta y sólo quiero que cese.


Ayer** vi a la reumatóloga y me confirmó lo que sospechaba: cualquier virus (más que bacteria, un virus) me puede dejar así o peor. Y es que revuelve todo el sistema inmune y lo que estaba dormido despierta; lo que estaba estable se descontrola. Por eso la espondiloartropatía y la encefalomielitis miálgica se dispararon como cohete a la luna. Parezco trapo mojado olvidado por ahí.


Alguna vez un tío le decía a mamá "se va a ir", refiriéndose a mí, cuando les conté de varias maestrías en España, Estados Unidos e Italia. Mucha gente daba por hecho que iba a unirme a la "fuga de cerebros". Y yo quería hacerlo. Quería estudiar fuera, viajar, conocer, empaparme de mil experiencias, escribir... Sin embargo la vida me frenó en seco y heme aquí, tirada en una cama viendo memes de gatos.


Como dice la foto con la que acompaño este texto revuelto, la cual se tomó en la manifestación que hicimos los de Millions Missing México afuera del Museo de Memoria y Tolerancia en 2019, estoy ausente. Soy una de las Millones Ausentes y no solo por la encefalomielitis miálgica, sino un montón de padecimientos más, la mayoría invisibles.


También sé que mi condición no es tan seria como la de otros, pero como le decía a una amiga, no podemos compararnos con las experiencias de los demás. No sabemos qué hay detrás, cuánto placer o sufrimiento causaron, las huellas que dejaron. Así pues, mis vivencias son tan válidas como las de ellos.


Ya no sé que tanto estoy diciendo. Como les decía, hice esta entrada a pedazos y es probable que esté toda revuelta y confusa, así como mi cabeza. El amor de mi familia nuclear y de amigos muy cercanos me mantiene a flote. Y es que tal vez es otro momento de sólo flotar de a muertito. Es lo único que puedo hacer.


(Sirva de algo: cuando muera, me gustaría que parte o la totalidad de mis cenizas queden en el mar de Yucatán. Sé que Mina y mamá quieren que estemos juntos, pero quiero quedarme en el mar, como Alfonsina Storni. También sé que es ilegal, pero meh, como si eso importara. Lo que sí no sé es si daña el ecosistema; si es así, nomás llévenme simbólicamente al mar. Pero eso, al de Yucatán. Ahí está parte de mi corazón. Ya, fin del apartado).

Toca intentar mantener la esperanza de alguna forma. Mucha gente me ha regalado palabras escritas o en audio que apapachan mi corazoncito de pollo y las mantengo ahí, como recordatorio de que soy amada y que esto tiene que pasar. Y si no, al menos tengo ese amor para no caer del todo.


La depresión y la ansiedad se están dejando caer como plomo y, saben, no sólo está justificado, sino que son, irónicamente, motivos para decir "ah no, ahora no me rajo". También gente extraña me ha brindado su apoyo al contar lo que siento en grupos de apoyo de enfermedades autoinmunes y de prevención del suicidio. Saber que otros viven lo que yo o que al menos pueden empatizar conmigo es otro apapacho al corazón.


Creo que hasta aquí le dejo. Quizá después haga otra entrada. Como anotaba, es terapéutico. Luego la edito bien, cuando pueda usar la computadora, que ahora estoy haciendo todo con el celular.


Si leíste hasta aquí, gracias.

Si me mandas michis, doblemente gracias.


Jos



*domingo 14 de mayo.

**lunes 15 de mayo.

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Ayudadora

1 Comment


Guest
May 16, 2023

Una vez un amigo me dijo, que Dios envía las enfermedades severas a sus mejores soldados, pero que a él lo había confundido con Rambo.

Aquí están, mis manos si las necesitas.

Aquí están mis oídos para escucharte si los necesitas.

Aquí esta mi mi boca para guardar silencio.

Y mi corazón en el que vives por siempre.

Te amo bbnejoton

A

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