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  • Foto del escritorJoselyn Silva

Hablar de lo que no se habla Pt. 1


Créditos a quien correspondan

Esta entrada tal vez sea algo distinta. He retrasado hablar del tema porque una parte de mí no se sentía lista, pero tras hablar con mi mejor amigo un pulso en mi interior me dijo que es hora. Tal vez tenga que ver con que se acerca mi cumpleaños y con ello un año más de vida. Se dice fácil, pero viviendo como vivo no lo es.


 

TRIGGER WARNING: SUICIDIO, AUTOLESIÓN, DEPRESIÓN, ANSIEDAD, OTROS TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS.

 

Pulsión de vida vs pulsión de muerte...


Hoy puedo decir que la pulsión de vida le gana en mí a la pulsión de muerte y que, aunque ésta aparece de repente, no la dejo avanzar porque son más mis ganas de vivir. Pero no siempre fue así y si bien lo he mencionado entre líneas en otras entradas, hoy lo digo abiertamente: soy sobreviviente de varios intentos de suicidio y autolesión.


Familia, amigx... tal vez ya lo sabías; tal vez no; tal vez lo sospechabas; tal vez no querías pensar en ello. Pero es y está. De nuevo, abiertamente: me intenté suicidar en repetidas ocasiones a lo largo de mi vida y tengo cicatrices por autolesión (que seguramente has visto).


Habrá quien me diga que no debería externarlo, que es algo muy personal o incluso que decirlo puede animar a otrxs a hacerlo (!!!). Yo no lo creo. Lo que sí creo es que es necesario hablar del tema. Sí, ya hay más líneas de vida, psicólogxs y psiquiatras en línea, manuales de intervención, grupos de apoyo... pero basta con mencionar las palabras «autolesión» y «suicidio» para que todo se vuelva incómodo y no falta quien cambie la conversación rápidamente. Les entiendo. Son temas difíciles, pero así como el sexo y la violencia, TENEMOS QUE HABLAR DE ELLO.


Tal vez me digas que por qué no me acerqué a dios, por qué no oré o por qué no pedí ayuda antes de. Oh, sorpresa, la depresión me tenía en un túnel donde sólo veía un camino posible y ése era la muerte. No tenía tiempo ni espacio para la divinidad o para buscar ayuda profesional. Solamente quería morirme y de forma rápida e indolora. Ya no podía más.


Hoy escribo desde una posición distinta y mi intención es no sólo hablar del tema, sino también compartir mi experiencia; quiero pensar que alguien, al leer estas líneas, encontrará aquí esa señal que le diga NO LO HAGAS y le brinde esperanza.


También sirva para decirte que si quieres dejar de leer esto está bien. No todxs están listos para enfrentarse a que un ser querido haya intentado suicidarse y enterarse años después. Si decides continuar, sólo te pido un par de favores: no me tengas lástima y no me juzgues; en todo caso, si lo haces, guárdatelo; no quiero enterarme.


Como ponía al principio, las ganas de hablar de esto estaban, pero todavía no me sentía lista; tenía miedo a que me juzgaran o me llenaran de preguntas, temía que ocurriera algo que no pudiera manejar, sobre todo si venía de un ser muy querido (enfados, reclamos, culpa, lástima...). Hoy decido enfrentar todo ello y jugármela. Lo dicho, si esto te provoca ganas de vomitar mala vibra, no me lo digas; échalo al inodoro y que fluya, tampoco te lo quedes tú.


No seré muy gráfica con lo que ocurrió porque tampoco se trata de eso, pero sí les quiero hablar de mi experiencia. Como anotaba unas líneas arriba, la depresión me tenía sumida en un pozo oscuro, lleno de mierda y caminaba casi a ciegas. Y es aquí cuando recuerdo las sabias palabras de una querida amiga: lx suicida no quiere morirse, quiere dejar de sufrir. No es lo mismo.


Yo estaba en el segundo grupo. Había tanto dolor físico y del espíritu que ya no podía más; quería terminar con todo, pero con todo ese dolor, ese sufrimiento, ese malestar. Quería eliminar para siempre la enfermedad, las idas al médico, los pinchazos, los laboratorios, los miles de estudios, la incertidumbre, las pocas respuestas, el llanto, el insomnio, el descanso nulo, la desesperación, la ansiedad, el corazón hecho pedazos, la incapacidad de sentir algo positivo, la incapacidad de leer y escribir, la poca movilidad, la dependencia de otras personas, las restricciones alimentarias, los pastilleros llenos, la poca empatía, la muerte de seres queridos... Y podría seguir y seguir.


Tenía una carga sumamente pesada en los hombros y llegó un punto donde ya no pude con ella. Me dejé caer, me aplastó y sólo vi un destino posible: la muerte. Fue entonces cuando la busqué. Sabes, es atractiva de verdad. No importa qué imagen le pongas, tiene su pegue, y precisamente porque se confunde que muerte = dejar de sufrir, cuando no es así. Se puede dejar de sufrir sin morirse. La prueba es que aquí estoy, escribiendo; tratando de no llorar al escribir porque todo esto mueve las fibras más sensibles de mi ser.


No diré tampoco las formas en que intenté suicidarme, pero las marcas en mis muñecas dicen mucho. Desafortunadamente no fue la única vía por la que lo intenté. Pero afortunadamente no lo conseguí; hoy veo que lo único que logré es quedarme con marcas de por vida que me recuerdan día a día esos días terribles; pero sabes, también me recuerdan que soy más fuerte que esa pulsión de muerte.


Como le dije a mi mejor amigo, el sol siempre vuelve a salir. Incluso en aquellos sitios donde se oculta durante meses aparece de nuevo, brilla, calienta, ilumina. «Cuando oigas a un niño preguntar por qué el sol viene y se va, dile porque en esta vida no hay luz sin oscuridad» canta Mägo de Oz y es muy cierto; para que exista la luz se necesita oscuridad. Lo difícil es no quedarse en esta última.


Hay varios mitos y falsos pensamientos en torno al suicidio. Dicen que alguien que se quiere morir no lo anda gritando a los cuatro vientos; se muere y ya. FALSO. Todas las veces en que dije que me quería morir y cuando lo intenté NO QUERÍA MORIRME, QUERÍA AYUDA, pero no sabía cómo pedirla ni tampoco exactamente qué necesitaba. Repito, era un agujero o un túnel oscuro, lleno de porquería y estaba asustada y ciega. Todos esos gritos eran para decir «hey, ya no sé para dónde ir, ya no puedo más, por favor ayúdame».


Otro. Que esos gritos pidiendo ayuda son sólo para llamar la atención. ES LA IDEA, DUH. No hablaré aquí de narcisismo o de gente que expresa esto de manera «falsa» (¿cómo sabes que es falso?). LLAMAMOS TU ATENCIÓN PARA PEDIR AYUDA. Habrá quien pueda verbalizarlo; otrxs no podíamos y solo nos quedaba ese (con perdón) «¡Güey!/¡Cabrón! ¡Mírame! ¡Te necesito!». Sé que es complicado y que pudiera ser hartante porque al ser poco clarxs lx otrx tampoco sabe qué hacer, pero aquí es cuando SE PIDE AYUDA PROFESIONAL, o séase, unx psiquiatra.


Uno más que creo que ya ha salido en otras entradas. «No estás deprimido, estás distraído» y se agrega que unx no ve tooooodo lo bonito que se tiene. A ver, LA DEPRESIÓN ES UNA ENFERMEDAD, no un estado de ánimo. Hay cambios químicos y eléctricos en el cerebro y el resto del cuerpo. Por eso es importantísimo acudir a profesionales de la salud mental; otra vez: PSIQUIATRAS. Lxs PSICÓLOGXS también ayudan, pero al hablar de suicidio se necesita otro enfoque. Pueden ser ambos, como es mi caso, pero es necesaria la intervención de unx MÉDICX especialista en salud mental.


(Paréntesis: pueden escribirme y con todo gusto les paso el contacto de mi psiquiatra y terapeuta. Mis eternos agradecimiento, respeto, admiración y cariño a ella. Si me lo autoriza, colocaré sus datos de manera pública en esta entrada posteriormente).


Por favor, por lo que más quieras en esta vida, EVITA EL «ÉCHALE GANAS», «TÚ PUEDES», «NO ES TAN DIFÍCIL», «X PASÓ POR ESO Y MÍRALE, ESTÁ COMO SI NADA».


NO

NO

NO

Y

NO


Puedes cambiar esos discursos que HUNDEN MÁS por frases como las siguientes:


Aquí estoy

Te quiero vivo

Te quiero viva

Te quiero vivx

Vamos a buscar ayuda; yo te acompaño

Te escucho

No te voy a dejar solo/a/x

Llámame si me necesitas


Y más. Si me acuerdo de otras las añado. (Hablar de esto me va quitando cucharas).


Lo importante es hacer que la persona se sienta acompañada, que sienta que no está sola en el mundo y que puede contar con alguien que le quiere y le escucha. Es difícil, lo sé. A veces basta con un abrazo, con estar juntxs sin decir palabras pero diciendo muchas cosas, con un mensaje o una llamada; preguntar cómo le fue en la cita con lx psiquiatra, interesarse en la medicación que toma o los ejercicios que hace, ofrecerle acompañarle a comprar los medicamentos (y si es posible ayudarle económicamente) o a las consultas, ¡incluso a hacer el súper! Saber que alguien está cerca lo cambia todo.


En mi caso fueron varias personas y cada una de forma distinta. Recuerdo, por ejemplo, estar tirada en el piso o el jardín con mi hermana a veces hablando de mil cosas, a veces sin decir una sola palabra; ella, mi mejor amiga (y compañera, consejera, cómplice, Maestra, modelo a seguir and so on...), no me dejó caer e hizo mil malabares para que siguiera aquí. Bueno, lo consiguió. Mi madre pasaba todo el tiempo que podía conmigo; incluso se dormía a mi lado algunas noches y hasta la fecha no hay día en que no me diga un «te quiero». Fue la otra mujer que hizo mil y un malabares para verme bien. Bueno, jefa, aquí estoy, como te lo prometí. Mi Capitán, pese a su dificultad para entender ciertos temas, me recordaba día con día cuánto me quiere, me escuchó y hoy día somos más fuertes que nunca. Mi hermano Batman (ups, su identidad ya no es secreta; bueno, más o menos) me enviaba audios graciosos, música, se interesó en lo que decía mi médica y aun cuando el tema le era difícil, no dudó en correr a mi lado en cada crisis. Mi mejor amigo prácticamente me forzó a verlo en Plaza Satélite para ayudarme a contener todo lo que vivía y me escuchó sin juzgarme (y me dio un regalo para protegerme, mismo que mantengo muy cerca y al que acudo cuando siento que voy a caer). Cuando le mostré mis heridas, en otro momento, me abrazó, no me juzgó y me dijo que no eran señales de debilidad, sino marcas de una guerra que iba a ganar sí o sí. Mi mejor amiga me escribía diario para saber cómo iba y estuvo al tanto de mis internamientos, medicamentos y demás (al ser del área de salud, le era más fácil entenderlo que a lxs demás). Otro de mis mejores amigos me enviaba memes, gatitos, buena vibra y me recordaba lo bonito de la vida, como la música (y se aventaba audios muuuuuuy largos; perdón, J. :C). Otra amiga que pasó por algo similar me repetía que oraba por mí (y yo entendía, claro, que era su forma de regalarme amor). Otro amigo me insistió para que fuera como voluntaria a las actividades culturales que hacía porque sabe que el arte es una de las cosas que me sostiene.


También quiero hacer un par de menciones respecto a esto último. Cada vez que me caigo vuelvo a lo que me ha cobijado durante toda mi vida: los Power Rangers, la literatura y el metal.


En La Mole 2020 tuve la fortuna de conocer a David Yost, el actor que interpretó a Billy Cranston, el primer Blue Ranger y mi favorito de toda la serie. Él también pasó por ese pozo oscuro de los pensamientos suicidas y ha hablado del tema en varias entrevistas. Fue una de las cosas que me animó a escribirle unas cartas donde le conté de todo, desde por qué me gusta Billy hasta dichos intentos suicidas que tuve. Le dije que él, tanto como Billy como como David me ha salvado la vida y no mentí. Obviamente no pondré el contenido de las cartas que le escribí, pero verdaderamente ambos, Billy y David, fungieron como figuras importantísimas en mis momentos de mayor depresión y ansiedad. Y aún lo hacen.


El segundo día que lo vi se tomó varios minutos para hablar conmigo respecto al tema del suicidio y la autolesión. Obvio terminé llorando. Me dedicó palabras tan dulces, tan apapachadoras... Me recordó que soy inteligente, valiente y que soy capaz de vencer todo lo que se me ponga en el camino. Además, con cuatro palabras me desarmó: I want you alive (Te quiero viva). ¿Se imaginan lo que significó que una de las personas que más admiro me dijera eso? Porque no fue gratuito; realmente lo sintió (más detalles de esa conversación así me lo confirmaron).


Por si no fuera poco, me aconsejó y entre todo, me pidió que eligiera tres palabras que me definieran. Él me dijo las suyas y me dejó pensando. Tardé bastante en quedar conforme con mi elección, pero ya las tengo y son enteramente mías. David me dijo algo muy cierto: nadie ni nada me las puede arrancar, ni siquiera la depresión ni la muerte. Me aferro a ellas cuando empiezo a tambalear y aun si caigo, son algo en lo que me puedo apoyar para levantarme de nuevo.


Así que aquí mi invitación, lector(a)(x), escoge tres palabras que te definan y que nadie ni nada te pueda arrancar, sin importar lo que pase. Elígelas de acuerdo a lo que tú sabes que eres, no a lo que digan los demás y tenlas siempre en mente y corazón; ayuda, créeme que sí.


Además de esas tres palabras, David Yost me aseguró que sí soy una Power Ranger y ocurrió la mejor transferencia de poder de la historia. Así que, contrario a las reglas de Zordon, hoy me reafirmo como la Blue Mighty Morphin Power Ranger y les digo quítense a todxs, que ahí voy.



La Mole 2020

Otra mención que quiero hacer es para mis escritorxs favoritxs. Creo que ya lo apunté en algún sitio de este blog: mi libro favorito es Historia del Rey Transparente, de Rosa Montero. El inicio del texto es lo que me resuena y a lo que me agarro cuando empiezo a caer:


Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que el ariete embiste contra la puerta. Un sólido portón de madera que no tardará en hacerse trizas. Pesados y sudados hombres de hierro se amontonan en la entrada. Vienen a por nosotras. Las Buenas Mujeres rezan. Yo escribo. Es mi mayor victoria, mi conquista, el don del que me siento más orgullosa; y aunque las palabras están siendo devoradas con el gran silencio, hoy constituyen mi única arma.


Además de Power Ranger, soy escritora como Leo/Leola y eso tampoco me lo pueden quitar. Después de leer a otra amiga, comprendí que la creación de historias nunca se suspendió en mí. El que no pudiera ponerlas en papel o en un procesador de textos no quiere decir que ya no fuera escritora; simplemente todas esas historias, esos personajes, se quedaron en mi ser sin ser compartidos (y adivinen, empiezan a surgir; espérenles muy pronto). (Luego nos metemos al debate de qué hace escritorx a unx escritorx, pero not today).


En la presentación de _La ridícula idea de no volver a verte_ en el Palacio de Bellas Artes

Y una mención muy necesaria y también muy merecida: a Raquel Castro y Alberto Chimal.


(Seguramente) Presentación de _Cómo escribir tu propia historia_ en alguna FILIJ

Ya lo he dicho varias veces, pero ambos son mis escritores favoritos y no sólo por sus letras, sino por todo lo que les rodea como escritores. (Si no conocen su canal, ¿qué están esperando? Denle click aquí) y por las maravillosas personas que son.


Alberto, por allá de septiembre de 2012 (¡casi diez años!) me dio uno de los consejos que ha dirigido mi escritura pero también mi vida: resistir y persistir. Podría escribir páginas enteras sobre ello (y está en los próximos planes). Claro, hablándolo en el contexto de esta entrada pudiera sonar complicado. ¿Cómo decirle a unx suicida que resista y persista? Difícil, pero creo que la expresión viene bien de todas formas y para todos (bueno, casi todos) los momentos. Si se junta con lo que les decía del sol, que siempre sale, queda mejor: resiste, persiste, aguanta, el sol va a salir; la oscuridad va a terminar. This too shall pass (Esto también va a pasar).


Ambos, en distintos momentos y sin saber bien qué sucedía (pero tal vez lo intuían), me regalaron palabras de aliento y cariño, abrazos, sonrisas, risas, mensajes. Al igual que con David Yost, escucharlas de dos personas a las que quiero y admiro muchísimo fue un apapacho al corazón. El que ambos crean en mí, en mi escritura me anima como no tienen una idea. (Ya quiero estar más chida para poder hacer mi tesis sobre ellos, porque de que la hago la hago).


Y claro, está su obra que me acompaña y a la que me sujeto cuando las cosas empiezan a temblar y a querer hacerme caer. La torre y el jardín, Ojos llenos de sombra, Cartas para Lluvia, sus decenas de videos en YouTube, sus recomendaciones musicales, hasta sus chistes malos... todo ayuda; así sea literalmente abrazando los libros o escuchándolos a ojos cerrados y recordando mil anécdotas con ellos.


Raquel y Alberto merecen una entrada para ellos solitos, la verdad. Dejen recupero cucharas y la hago, más ahora que son días un poco complicados.


Como ven, hubo y hay muchas formas de contener, amar, respetar, apapachar y acompañar. Aun hoy se repiten y la diferencia respecto a esas ocasiones es que hoy soy consciente de la red que tengo cerca. Siempre estuvo ahí, pero yo no la veía. Hoy sé que ahí está y que si caigo, no me iré al pozo de mierda; si acaso a un lugar incómodo del que podré salir con un poco de ayuda, voluntad y ovarios.


Hasta aquí la parte I de este tema. Como apuntaba por ahí, me desgasta al ser algo que mueve mis fibras más sensibles, pero eso no me detendrá para hablar de lo que no se habla y que es NECESARIO e IMPORTANTÍSIMO hablar.


Jos



[Honestamente no he buscado el widget que necesito para los comentarios, por lo que seguirán desactivados. Aparte, debido al tema, considero que lo mejor es dejarlo así.


Si eres unx profesional de la salud mental y crees que algo de lo que dije aquí no es adecuado o podría modificarse, por favor mándame un mensaje. Mi intención es siempre ayudar y no perjudicar].


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